miércoles, diciembre 19, 2007

Pensar en la Navidad, en que pasa sin que me dé cuenta y que una vez que pase, como todo en la vida, ya no vuelve. Volverán otras, pero no esta (como las golondrinas de Bécquer).Pensar en la cantidad de cosas que me quedan por arreglar de aquí a las fiestas, mientras el calendario parece burlarse de mis intenciones. Recordar a Alberto, al que hacía tiempo que no veía y hoy nos enteramos de que, con cuarenta y seis años y una niña de once, está enfermo de cáncer. Su enfermedad está avanzada. Se muere. Todos nos preguntábamos por qué no venía a trabajar y hoy, ya conocemos el motivo. Hablaré de él, es dificil que una persona como esta entre en tu vida, aunque sea de pasada y no deje alguna huella (para bien o para mal). Pensar en que tengo que poner antes del sábado el abeto y el belén (el tradicional de casa de mi abuela, el de siempre). Y pensar en él. En su viaje. Y en cómo estará. Y en las ganas que tengo de abrazarle. Pensar en la cantidad de ancianos que pasarán solos la Navidad, sin que nadie les anime a cantar villancicos en Nochebuena, sin que nadie les prepare una cena en familia. Y en aquéllas personas que, por un motivo u otro, verán truncadas sus fiestas, nuevamente tal vez, esperando que las siguientes sean mejores. Y en él. En cómo quisiera no fallarle nunca, que supiera que, para todo, estoy a su lado. Aunque no deba preocuparme, aunque me regañe a mí misma por por este comportamiento tan irracional. Aunque yo misma me diga:" esta batalla no es tuya, relájate". ¿Seré una suicida? Yo solita me lanzo a una guerra a la que nadie me ha llamado. Pero no puedo evitarlo. Por eso no entiendo a esas mujeres que justifican haber abandonado a sus parejas porque no soportaban la presión de saber si su marido volvería casa cada noche o ya no le verían más(normalmente por su profesión). Yo no soy su mujer, yo no soy nada suyo, y me preocupo sin remedio. Y dudar, dudar sobre si debo hacerlo o no. Con todo lo que conté en los post anterior, la respuesta debería tenerla clara. Y creo que la tengo. Pero también hay otras cosas. No es orgullo, es ese sentimiento de pensar "¿Para qué? ¿A él qué le importa? Son sólo palabras, como tantas otras, que quizás le entretengan unos segundos para luego perderse en el olvido de donde no serán rescatadas nunca más". Sí, la respuesta es clara. Pero eso no quita las dudas, aún cuando sienta que es lo correcto. O no, no lo sé. Ójala la vida fuese como una película, sonaría esa musiquita de fondo en el momento justo que nos indicaría cuándo debemos actuar. Pero no lo es. En su lugar únicamente el sonido hueco de las dudas golpeando nuestras mentes y el fuerte tintineo de nuestros latidos ambientan esos instantes, esos días interminables. Ójala, como en los anuncios, nuestro final tuviera garantizado el llegar a tiempo, en el último momento pero salvando la situación. Pero la realidad es distinta. Como díce Jorge Drexler: "La vida es más compleja de lo que parece". Y vaya si lo es. Al menos, sí más compleja de lo que algunos la entienden.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Soy AIRELIBRE y como casi siempre, ya anduve tarde. En el trabajo anterior Terry, te dejé el regalo para Antoñito y para Pablito, por si le quieres echar un vistazo.

He leído este un poco por encima y veo que tienes un ¿amigo? bastante enfermo. Esa enfermedad la conozco perfectamente. Yo estuve a punto de morirme de ella hace muchos años ya, y todavía estoy aquí. No es por animar, porque se lo que es eso, pero también de eso se puede salir, aunque la verdad es que...

Suerte y un beso para Alberto y los suyos.


Fdo:AIRELIBRE
19 Diciembre 2007